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Aunque su trabajo sea tan bonito como salvar vidas, también lo hacen por dinero.
Pero ellos se niegan porque creen que es injusto para su matrimonio.
"Soy muy normal dice, mirando a su marido, Robert Wright, seis meses más joven y nacido en Filadelfia, que se sienta junto a ella.
Eso sí, tampoco se arredra para explicar que no lo haría gratis.Estados Unidos -y no todo- es de evangelica contandolo cayo en la cam caliente los pocos países donde hubiera podido hacerlo.Algo que Reynolds, "sinceramente no entiende."Fue un negocio, pero uno de los más gratificantes.No lo hacen los médicos, los profesores, los enfermeros?"No cobras tú por tu trabajo, por mucho que te guste?Nuestra familia ya está completa.Él, más afectado por el trastorno horario del vuelo que les ha traído a Madrid desde Colorado, asiente.Al llegar a este punto, Reynolds rehúsa decir cuánto cobró ella."Desde el principio tenía claro que no era mi hijo.Quienes más lejos han llegado para inscribir a su hijo son dos homosexuales de Valencia.Lo justo es que te paguen insiste."Yo lo haré por.El matrimonio consiguió que la Dirección General de Registros y Notariados emitiera un dictamen que les permitía inscribir al niño como hijo de ambos (igual que si fuera una adopción conjunta).Por eso está tan orgullosa de que sus hijas hayan entendido que el último embarazo no iba a acabar dándoles un hermanito.De hecho, una de las condiciones que les ponen en la agencia es que tengan sus ingresos, que no lo hagan por el dinero dice de un tirón.
Porque aunque el procedimiento sea legal ahí, los consulados se niegan a registrar al hijo con dos padres, ya que entienden que debe haber una madre.




La mujer aporta otra visión de lo que ha hecho: "Nuestra familia es multirracial y, de alguna manera, ayudar a esta pareja de gays a tener un hijo que deseaban tanto es otra manera de comprometernos, de contribuir a la sociedad con nuestro ejemplo.A nosotros nos ha permitido tener una casa mejor, o, por lo menos, pagarla más fácilmente indica."Ellas lo sabían, como todos a nuestro alrededor.Porque a ella aquella historia le resultó tan "gratificante" que acabó trabajando para la agencia Circle Surrogacy, que es la que les ha traído a España para unos seminarios (hoy en Madrid, mañana en Barcelona) sobre gestación subrogada.Y en su artículo dos añade: "La filiación de los hijos nacidos por gestación de sustitución será determinada por el parto"."Estaba sufriendo mucho, y tenía una conexión personal con ella, así que se lo dije a Robert y él me dijo que adelante, que no tenía inconveniente".Myriam Reynolds, estadounidense de 39 años (aunque nacida en México habla con energía y simpatía de su decisión de ser -dos veces- lo que coloquialmente se llama madre de alquiler, un término que ella rechaza de plano y que prefiere cambiar por el de gestante.Además, el proceso es largo y molesto, tienen que pincharte durante dos semanas, pierdes días de trabajo durante el embarazo y después del parto.La mujer reconoce el cariño que se tienen, pero no duda en que el hijo no es suyo, sino -"a pesar de lo que digan las leyes españolas"- de ellos.A las otras madres del grupo les ha pasado lo mismo.Como prueba, Reynolds y su marido mantienen una tremenda tranquilidad cuando el niño alborota: "Que lo cuiden sus padres dicen medio riéndose.



Sabía de qué hablaba: trabajaba en una clínica de fecundación asistida y conocía el procedimiento, que es legal en la mayoría de EE UU desde 1986.

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